MUJERES EN EL GREMIO
EL ALGORITMO DEL PATRIARCADO: LA EXCLUSIÓN AUTOMATIZADA DE LAS MUJERES EN EL PERIODISMO MEXICANO
UNA EPIFANÍA EN EL AULA: “¿EN DÓNDE ESTÁ NUESTRA VOZ, LAS DE LAS MUJERES?”:
Es el siglo XXI, estamos en el año 2026 y muchas cosas han cambiado en el periodismo desde la invención de la imprenta. Ahora discutimos sobre algoritmos, automatización de redacciones, modelos de lenguaje, ética periodística al usar las tecnologías y el futuro digital del periodismo en México: nos encontramos, nuevamente, ante una ola de transformación de nuestro oficio.
Sin embargo, detrás de la novedad que ha traído consigo la Inteligencia Artificial, aún se esconde aquella estructura tan arcaica como el papel periódico: la alarmante ausencia de mujeres en los puestos de toma de decisiones en el periodismo y… si hablamos de cargos relacionados con decisiones tecnológicas, la balanza no suele pintar un mejor panorama.
Hacer periodismo multimedia en pleno siglo XXI siendo un equipo conformado por puras mujeres es… ¿lamentablemente? ¿será ético decir “lamentablemente”? Creo que sí por definición, todavía un acto de resistencia. A lo largo de la producción de este reportaje nos topamos con una realidad que, deseando con todo el corazón fuera distinta, continua hasta hoy a pesar de los muchos siglos y transición que ha vivido el periodismo: como mujeres, aun nos enfrentamos a las paredes invisibles del paternalismo, la condescendencia masculina y el cobijo de asesores varones que, muchas veces sin notarlo, dictan cómo debe contarse el mundo.
Fue ahí, uno de esos días en asesoría y sentada en el salón con mis compañeras de tesis y nuestros asesores de producción donde llegó la epifanía: “¿en dónde está nuestra voz, las de las mujeres? ¿Por qué todos nuestros entrevistados son hombres?” le dije a Daniela. Pronto, las cuatro nos dimos cuenta de que estábamos investigando el futuro del periodismo tecnológico y la Inteligencia Artificial a través de una lente predominantemente masculina.
Si en pleno 2026 nosotras, las que estamos a punto de egresar, ya nos topamos con ese techo de cristal, ¿qué está pasando en las cúpulas de las redacciones más importantes del país? Este capítulo no estaba planeado en el diseño original de nuestra investigación, pero se volvió necesario. La urgencia de rescatar y amplificar las voces de las mujeres periodistas no es un capricho temático; es la respuesta obligada ante una realidad violenta: las mujeres seguimos siendo relegadas de los espacios donde se decide cómo, con qué herramientas y bajo qué algoritmos y criterios se cuenta una historia.
Este capítulo, entonces, nace de la urgencia y del hartazgo; surge de la necesidad de gritar que la brecha de género en las áreas de innovación periodística no es un detalle secundario, es un retroceso grave ¿o debería decir estancamiento? Porque mientras la tecnología avanza a pasos agigantados hacia el futuro, la estructura social parece ir profundamente desfasada. Este estancamiento–retroceso encarna un sesgo para el futuro de la información, pero también un peligroso sesgo para la manera en cómo vemos, narramos y construimos la realidad.
LOS PASILLOS DEL PRIVILEGIO: EL NEGACIONISMO MASCULINO ANTE LA CARGA LABORAL DE LAS MUJERES
Para entender cómo se construye esa realidad, hay que mirar lo espacios desde donde se opera; la prueba más contundente de este retroceso–estancamiento aparece al observar la cotidianidad del oficio en el espacio más fiel y representativo del periodismo: las redacciones.
Caminar en pleno 2026 por los pasillos de las redacciones mexicanas, esos lugares poco abiertos a la audiencia, escondidos de las zonas de alto flujo peatonal y tan diferentes físicamente entre sí, pero similares en cuanto a estructura y organización, reflejan, para el disgusto de varias mujeres, una notoria paradoja técnica. Mientras las métricas procesan miles de datos por segundo para evaluar la popularidad de una nota, la estructura que sostiene las sillas de mando continúa detenida, con la mayor pasividad, en el siglo pasado.
Emilio Sánchez Borgoña, de N+ Media, lo dice sin rodeos mientras su gata calicó, Cleo, aburrida de prestar atención a problemas humanos, se va de la habitación: En N+ existe una sobrerrepresentación de varones que no es casualidad, sino una desigualdad sistémica. Esta afirmación, aunque plasma una realidad evidente, también es peligrosa. Borgoña define esta desigualdad no como una particularidad del medio el que trabaja, sino como una característica casi inamovible y que admite no haberse cuestionado antes durante su carrera periodística.
Esta ausencia de autocrítica plantea una pregunta aún más incómoda: ¿por qué los varones en el medio no cuestionan la subrepresentación de mujeres? La respuesta no requiere de una reflexión profunda: porque no les interesa, no les afecta. Cuando uno goza de privilegios ¿por qué voltearía a ver a quien no los tiene? A pesar de los discursos de innovación respecto a la equidad de género, Borgoña reconoce que no se ha hecho el trabajo suficiente para incorporar a más mujeres en los espacios donde se decide el futuro.
Futuro que tiene un tono de voz desigual. En N+, el uso de la tecnología no nace de un consenso ético, sino de la verticalidad: se hace lo que dicta el jefe, una figura que, por default, casi siempre, es masculina. Casi siempre es absoluta.
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Es ahí donde aparece la primera gran barrera: mientras las reporteras y editoras son quienes realmente están domando y aprendiendo la IA a medida que la utilizan para sobrevivir a la carga laboral, aquellas que han mostrado mayor apertura a incorporar esa herramienta al oficio, se topan con un negacionismo masculino en sus mismos compañeros.
Hay hombres en la redacción que se niegan a usarla bajo la bandera de lo "orgánico", una postura que Borgoña identifica como un simple miedo a la desactualización, pero que termina recargando la innovación en las manos de las mujeres, quienes, frecuentemente, lo hacen sin recibir necesariamente el crédito por liderar ese cambio. Pero la exclusión no solo es numérica, también es de actitud.
Borgoña confiesa que los hombres en puestos de dirección suelen carecer de la humildad para escuchar otras voces, un rasgo que sí ha encontrado en líderes mujeres como Gemma Cuartielles, periodista y editora española con más de 12 años de experiencia en periodismo, narrativas visuales y comunicación, quien, para sumar a la problemática, ha tenido que dejar la empresa. Para Borgoña, las mujeres líderes tienden a poseer una característica muy particular: la escucha activa. Y no es coincidencia: bajo un entorno tan hostil hacia la figura femenina ¿qué más nos queda que practicar lo que en muchas ocasiones nos han arrebatado?
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SIMULACIONES Y PALMADITAS EN LA ESPALDA: EL ASFIXIANTE AIRE DEL PATERNALISMO INSTITUCIONAL
Incluso en los entornos mediáticos donde se presume paridad, como en la Organización Editorial Mexicana, las sombras del pasado son alargadas: las dinámicas de poder tradicionales y los sesgos de género permanecen arraigados en la interacción cotidiana.
Iván Quintana, coordinador de la Unidad de Inteligencia Artificial de la OEM, permanece sentado frente a nosotras en la oficina de su jefa; dicta de manera implícita, a través de ese enorme escritorio que nos separa de él, quién es el que posee el saber. Mientras nos dice de qué manera setear las cámaras, asumiendo por completo que no sabemos ocuparlas a pesar de mencionarle que nos faltan dos meses para graduarnos, de su boca, sus gestos y su expresión corporal se desprende esa actitud paternalista impregnada en un aire que nos asfixia a las cuatro, que nos molesta, que nos minimiza.
Al final y apretando las mandíbulas bajo sonrisas más que forzadas, nos vemos obligadas a callar; un silencio estratégico para mantener el respeto y salvaguardar la investigación. Paradójicamente, es este mismo sujeto quien, líneas abajo en la entrevista, suelta los datos de la vieja guardia: recuerda que en redacciones como la de deportes, la proporción era de una mujer por cada doce hombres. Y aunque hoy celebran la presencia de Martha Ramos en la dirección, el mismo Quintana admite tajantemente que para una mujer es mucho más difícil sostenerse en una posición de mando, pues, aunque breve y sin explicitar, reconocer que el acceso al poder no garantiza la facilidad para ejercerlo.
Esto, por desgracia, muestra que la brecha no termina cuando la mujer llega al puesto, sino que continúa en la resistencia ante el paternalismo, un medio domado por hombres y ese techo de cristal que enfrentan las mujeres para sostener ese poder.
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Quintana confiesa, casi sin darse cuenta de su propia condescendencia, que a veces la inclusión ocurre más por una conveniencia editorial para diversificar los temas o para proporcionar miradas distintas a las masculinas, lo que sugiere que la inclusión todavía se gestiona, en ocasiones, como una estrategia para mejorar el producto y no solo como un derecho de equidad.
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Y así, Quintana nos habla, sin darse cuenta, de simulaciones institucionales. Festeja para sí mismo con una leve sonrisa incómoda que las mesas ya no son un club de hombres, mientras usa su lenguaje corporal para recordarnos que, para él, seguimos sin estar a su nivel. Y así, ejecuta la simulación más vieja de todas: la del hombre que teoriza sobre la igualdad, pero minimiza a las mujeres que tiene frente a él. La del hombre que se despide con un “Que les vaya bien y muchas gracias, chicos” mientras el equipo sólo está conformado por mujeres.
GRIETAS EN EL CONCRETO BRUTALISTA: LA PARIDAD DE FACHADA EN LAS UNIDADES DE INNOVACIÓN
Frente a estas simulaciones individuales, la arquitectura corporativa de los medios intenta, en ocasiones, proyectar una narrativa radicalmente opuesta a los ideales que dice defender. Un ejemplo vivo de ello se encuentra en la redacción de Grupo Animal. De todas las oficinas visitadas a lo largo de esta investigación, la suya es la única que rompe con el diseño funcionalista tradicional, apostando en su lugar por un marcado estilo brutalista. Históricamente, la filosofía del brutalismo no solo evoca solidez, sino una arraigada vocación de honestidad social y transparencia material: las estructuras se muestran desnudas, sin acabados que oculten la realidad de su construcción.
Esta honestidad arquitectónica converge de manera casi poética con la identidad de Grupo Animal y, específicamente, con la labor de su unidad de verificación, El Sabueso, un área dedicada a desmantelar la desinformación y exponer la veracidad de las fuentes de información. Al cruzar sus puertas, ese entorno de aparente transparencia se traduce de inmediato en un discurso de un intenso orgullo institucional: la bandera de ser un espacio libre de "desigualdad sistémica", donde la paridad de género se presume con la misma solidez que el concreto de sus muros.
Pero al profundizar un poco más en cómo funciona el día a día de esta área de innovación, el discurso del concreto transparente empieza a agrietarse. Aunque el equipo operativo que hace el trabajo especializado está lleno de mujeres reconocidas en el gremio, la cabeza jerárquica de la unidad es un varón. Óscar Nogueda es el actual coordinador del área y su historia ahí dentro explica cómo se mueven las piezas: llegó hace cuatro años como verificador para el proyecto de TikTok y, tras pasar por varias mesas de verificación, terminó ascendiendo a la coordinación. Nogueda reconoce con mucho orgullo que El Sabueso ha sido conformado históricamente por mujeres, y que gracias a eso se le ha dado una notoria consideración al abordaje de los temas de género en sus investigaciones.
Y ahí está el detalle. Mientras que para el medio el éxito radica en haber abierto las puertas en áreas "duras" para las mujeres, basta mirar la redacción a través de ese tragaluz brutalista para notar las sombras: bajo la iluminación general del discurso todo parece equitativo, pero al mirar con detenimiento los nodos de poder, esas esquinas que la luz no alcanza a iluminar, la paridad que presumen pierde solidez y se vuelve difusa.
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Es verdad que, en términos numéricos, la cúpula general de Animal Político registra una paridad cuantitativa real; su consejo directivo superior se distribuye equitativamente entre cuatro hombres y cuatro mujeres, ubicando a estas últimas en puestos de alta visibilidad como la Subdirección Editorial, la Jefatura de Redacción, la Jefatura de Redes Sociales y la Dirección de Marketing.
Sin embargo, al contrastar esta fotografía general con la arquitectura laboral de sus unidades operativas más innovadoras, se evidencia un síntoma que se repite en otros testimonios, como en N+ Media: las mujeres suelen predominar en la primera línea de producción, gestionando la tecnología y resolviendo la complejidad técnica diaria con mayor agilidad, mientras que las jefaturas específicas de estas áreas, donde reside el control directo del equipo, tienden a retener inercias verticales masculinizadas. Aunque Grupo Político se posicione institucionalmente como un referente de equidad gracias a la composición de su personal, la realidad estructural demuestra que incluso en los espacios dedicados a combatir la desinformación, en este caso El Sabueso, todavía persiste un sesgo en la distribución del mando. Las paredes de concreto expuesto de la redacción podrán proyectar una estética de transparencia absoluta, pero detrás de ellas, la verticalidad de las decisiones finales sigue siendo una estructura rígida y difícil de romper.
MUJERES DE SILICIO VS. MUJERES DE CARNE Y HUESO: LA CRUDA REALIDAD DEL PERIODISMO EN 2026
De pronto, el panorama parece ser más positivo y una faceta distinta de esta dinámica se observa en El Universal, donde la discusión sobre la brecha de género no parte de políticas institucionales estrictas o cuotas de representación, sino de un fenómeno impulsado por el relevo generacional. De acuerdo con Fernando González, editor de Mesa Plus en El Universal, mientras que hace tres o cuatro generaciones el ejercicio periodístico era un terreno predominantemente masculino, la realidad contemporánea comenzó a mostrar que la mayoría de las egresadas de las carreras de comunicación son mujeres. Esta transición demográfica ha transicionado de manera orgánica hacia una notable presencia femenina en cargos de decisión y liderazgo dentro de la redacción.
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Sin embargo, la horizontalidad en el equipo humano contrasta con la instrumentalización del género en el desarrollo tecnológico del medio, cuyo eje central es Luni, el avatar de Inteligencia Artificial encargado de guiar a los usuarios y comunicar los beneficios del club de suscriptores (Mesa Plus). Lejos de responder a una política de inclusión, la decisión de que Luni fuera una figura una mujer joven provino de un análisis de mercado: los datos demostraron que un perfil con estas dos características generaba más confianza y ayudaba a vender mejor las suscripciones de la plataforma para captar clics y audiencias.
Esta elección no es un caso aislado, sino una estrategia global de las empresas tecnológicas. Mientras que los diseñadores y diversos estudios suelen decir que las identidades femeninas se usan simplemente porque son "más agradables al oído", un análisis sociológico de la comunicación revela una raíz mucho más profunda. Autoras como Catherine D'Ignazio y Lauren Klein, en sus estudios sobre el Feminismo de Datos, demuestran que la Inteligencia Artificial nunca es neutral, sino que hereda y copia las desigualdades del mundo real, pues las interfaces conversacionales (como Alexa, Siri o, en este caso, Luni) recurren a lo femenino porque históricamente la sociedad asocia la voz de la mujer con la sumisión, el confort y la asistencia.
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Al configurar a Luni como una joven accesible que aconseja y guía al usuario, el medio automatiza lo que la socióloga Judy Wajcman define como la feminización de la asistencia tecnológica extendida hacia los servicios domésticos. No es un asunto de estética; es inercia social que autoras como Silvia Federici han criticado por años: históricamente, a las mujeres se les ha asignado el rol de cuidadoras, encargadas de acompañar, guiar y procurar el bienestar de los demás; con Luni, se automatiza digitalmente ese trabajo de cuidados. La Inteligencia Artificial se utiliza aquí para suavizar la frialdad de las métricas y los algoritmos, convirtiendo un rol de servicio históricamente impuesto a las mujeres en un lubricante comercial para ganar suscriptores.
Esta necesidad de supervisión humana se extiende también al combate de los sesgos algorítmicos. La redacción de El Universal es consciente de que las herramientas de Inteligencia Artificial arrastran los estereotipos de género y raza presentes en sus datos de entrenamiento; un ejemplo de ello ocurrió al detectar que, ante la instrucción de generar imágenes de "hombres de negocios", los sistemas devolvían sistemáticamente representaciones de varones blancos con traje, invisibilizando a las mujeres en el ámbito corporativo y financiero. El caso de El Universal demuestra que, si bien el cambio generacional ha democratizado el acceso de las mujeres a los puestos de mando, el uso comercial de la tecnología y los sesgos inherentes a los algoritmos plantean nuevos desafíos.
Miro a Luni a través de la pantalla y pienso en lo linda que luce... al mismo tiempo reflexiono sobre la gran brecha de género que esta investigación nos hizo reafirmar y me siento rara, me siento incómoda. No es que Luni tenga algo de malo, es que no es el reflejo de la inclusión que los medios nos quieren vender; es el disfraz de su ausencia. Mientras la pantalla nos muestra a una chica digital amigable y complaciente, las oficinas reales siguen vacías de mujeres de carne y hueso tomando las decisiones. Luni es un holograma de modernidad en un sistema que sigue siendo manejado por los mismos hombres de siempre.
Es el año 2026 y el periodismo en México presume haber entrado al futuro. Abrimos debates para hablar, preocuparnos por y prepararnos para Inteligencia Artificial, discutimos sobre clics y debatimos sobre la ética periodística ante esta nueva era. Pero cuando se apagan las luces y miramos quiénes están sentados en las oficinas donde realmente se toman las decisiones, la novedad se cae a pedazos. El panorama es desértico. La transformación tecnológica no borró el patriarcado; solo lo automatizó.
La realidad es cruda: las empresas de comunicación diseñan avatares con voz y cuerpo de mujer para que atiendan al público y vendan suscripciones, pero siguen dejando fuera o, al menos, por detrás, a las mujeres reales. Al final del día, la realidad es una sola y pinta bastante mal: en pleno siglo XXI, el poder y el control del periodismo mexicano continúan exclusivamente en manos de los hombres…
¿Dónde está la ética periodística al final del día? ¿Por qué la urgencia de regular la tecnología no es la misma que la urgencia para erradicar la violencia y la exclusión de las mujeres en el medio? Parece ser que para los medios es un escándalo y un terror ético la posibilidad de que la IA plagie una nota, pero sigue siendo perfectamente aceptable que el entorno minimice, margine y agote a las periodistas que la escriben.
Mi mente vuelve a la asesoría, miro la pantalla que muestra la propuesta visual de nuestro reportaje… ¿En dónde está nuestra voz, las de las mujeres?, me pregunto mientras miro a Moni, Fat y Dani explicar con pasión nuestro proyecto. Quiero pensar que aquí. Sé, por todo el esfuerzo, que en este reportaje están nuestras cuatro voces.
