“EL PERIODISMO SE BASA EN ENTREVISTAR, CONTRASTAR Y ESCRIBIR” MEGALOMANÍA FUNCIONALISTA FRENTE AL DOBLE DISCURSO DE LA TRANSPARENCIA
Fernando Gonzalez Morales, coordinator y editor en la sección Mesa Plus, El Universal.
Llegar a una cita en el corazón de la Ciudad de México cargando un tripié Manfrotto que se siente como plomo en la espalda es, sin lugar a duda, el bautizo de cualquier reportera. Y llegar a esa cita con la prisa en el pecho de ir tarde es, también, la cotidianidad de toda persona que viaja en el transporte público.
Todo mundo lo dice: el espacio–tiempo de la CDMX es algo que nadie sabe explicar con certeza; una sale con 10 minutos de anticipación y llega una hora temprano, pero si sale la misma cantidad de minutos tarde hacia determinado destino, podemos irnos olvidando de la puntualidad.
El reloj marcaba casi la una de la tarde de aquel lunes primero de junio cuando el equipo, moviendo las piernas a un ritmo que rozaba el trote, cruzó frente a la escultura de El Caballito sobre Paseo de la Reforma. La obra posee esa extraña cualidad de recordarle a quien pasa por ahí la prisa de nuestra propia contemporaneidad; una inercia que nos empuja a caminar a toda velocidad, arrebatándonos el tiempo para detenernos a observar el entorno.
"—Será que el periodismo cambió a la par que nuestro alrededor; ahora leemos, vemos y escuchamos las noticias en la menor cantidad de tiempo que nos sea posible—"
me dijo mientras aquel recordatorio amarillo queda atrás a medida que avanzamos hacia la calle de Bucareli número 8, la mítica sede del diario El Universal. Afuera, esperándonos de pie para facilitarnos el acceso controlado, se encontraba Fernando González.
Directorio
- Dirección: Bucareli 8, Colonia Centro, Centro, Cuauhtémoc, 06040 Ciudad de México, CDMX.
- Sitio Web: www.eluniversal.com.mx
- Teléfono: +52 55 7589 5347
LDAB. (2016). Sede del diario El Universal en Ciudad de México. Wikipedia.
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=71419657
A sus 26 años, González se desempeña como coordinator y editor de Mesa Plus, la sección digital de análisis, debate y opinión que opera bajo el modelo de suscripción de paga del gran diario mexicano. Al verlo ahí, con una actitud abierta que de inmediato rompió la tensión del retraso de cinco minutos por parte del equipo, el aire tenso del viaje en metro y entre nosotras por la vergüenza de llegar tarde, comenzó a disiparse.
La fachada y los interiores del edificio respiran una arquitectura puramente funcionalista de los años cincuenta y sesenta; una cuadrícula simétrica, ordenada y oficinesca dividida por cubículos con marcos de madera clara que transmiten una sensación imponente. En la entrada, una estatua de bronce sostiene el periódico en físico del día, un recordatorio analógico de que alguien, todos los días sin falta, cuenta con la tarea fija de renovar el papel antes de que el mundo comience a cuestionar, leer y debatir las noticias del día.
A unos pasos, el retrato en gran formato del presidente ejecutivo del diario nos resalta en la cara. Es una imagen que, debido a su tamaño monumental, impone a gritos que no la ignoremos.
"—Es algo casi megalómano—"
digo hacia mis adentros mientras espero en la fila a que mis compañeras terminen de mostrar sus identificaciones, pero pronto llego a la conclusión de que esa megalomanía es comprensible dada la trayectoria del medio. Y, además, nos guste o no, así funciona el gremio: hay medios que están a la cabeza del periodismo, El Universal es uno de ellos y lo ha sido por mucho tiempo.
Rápidamente, ese prestigio, ese emporio, contrasta con la hostilidad del guardia de seguridad en el filtro de acceso. El registro minucioso de las cámaras, tripiés y micrófonos se ejecuta con un trato condescendiente que inmediatamente me recuerda esa mirada vertical que las cúpulas corporativas suelen lanzar sobre los estudiantes o los periodistas independientes. Es una línea que no siempre se ve, pero que sí se siente; una especie de “Yo acá arriba, tú allá abajo”.
Una vez superado el control, el ambiente se transformó por completo. Al subir por elevador al foro de grabación, un espacio moderno dominado por una mesa con el logotipo del periódico en grandes dimensiones, descubrimos una redacción central extrañamente semivacía. Volteo para ver a mis compañeras y, por lo que percibo, estamos algo desconcertadas: ¿Por qué un medio tan grande tiene tan poco personal? No pienso mucho en buscar una respuesta.
Continuamos el camino en silencio y notamos que, en el corazón del espacio, sin paredes de por medio, se distribuyen las áreas de redacción, marketing, métricas y redes sociales: es una oficina pura. Todos conviven con todos sin importar el área a menos que, claro, tengas un puesto de mando y oficina propia. Pero incluso esas oficinas están a la vista de cualquiera, dado que están separadas por vidrios.
Pienso en la sensación de transparencia que evoca la arquitectura del lugar a la par que Fernando nos recibe con un trato horizontal, de absoluto respeto, entablando un diálogo de colegas a colegas que agiliza el seteo de las luces y las cámaras por parte del equipo. No lo sé, puede que por nuestra edad y la de él, la convivencia se haya dado de manera tan armoniosa y, podría decir, hasta disfrutable.
Tan solo el trayecto para llegar al lugar donde entrevistamos y mi cabeza ya se llenó de mil contradicciones a medida que observo el entorno. A diferencia de los directivos de la vieja guardia, González pertenece a una generación que no padeció el trauma de la transición digital; él ya ingresó al ecosistema sabiendo navegar plenamente en la digitalidad. Con una notable facilidad de palabra y una expresión corporal sumamente fluida que se apoya constantemente en el movimiento de sus manos, el editor de Mesa Plus no teme utilizar el concepto de "producto periodístico". Es una elección de palabras lógica: el medio se piensa, se estructura y opera con el orgullo y la solidez de una empresa históricamente consolidada.
Mientras acomodamos la iluminación, nos explica el papel que juega la Inteligencia Artificial en sus procesos diarios.
detalla González frente a cámaras. Sus palabras revelan una de las posturas más estructuradas del gremio en México. A diferencia de otros espacios que aplican directrices ambiguas o donde los redactores operan a ciegas, aquí diseñaron lineamientos éticos internos organizados minuciosamente por área de trabajo (editorial, comercial, suscripciones y tecnología). Estos manuales, inspirados en los modelos regulatorios de The Washington Post y La Nación, nacieron de un ejercicio horizontal de reuniones internas donde cualquiera podía aportar retroalimentación.
Sin embargo, a medida que avanza la entrevista, el mismo orden corporativo comienza a mostrar sus propias grietas éticas. Aunque González defiende que estos lineamientos son un ejercicio de transparencia indispensable para la audiencia, en la práctica el documento sigue bajo revisión administrativa y el acceso público a ellos permanece difuso, evadiendo dar una fecha clara de publicación.
Lo mismo ocurre con el etiquetado del contenido: actualmente el diario no maneja leyendas visibles que adviertan al lector si una nota fue asistida por algoritmos, volcando dicha responsabilidad al criterio y juicio libre de cada periodista. Existe un doble discurso latente: el propósito de transparencia choca con un cuándo, dónde y cómo que resulta completamente difuso.
Esta falta de claridad se vuelve aún más evidente al tocar las transformaciones estructurales de la industria. La Inteligencia Artificial ha provocado una caída drástica en el tráfico web de los medios mundiales; los usuarios ya no entran a los portales porque los motores de búsqueda integrados con IA les entregan la respuesta digerida de inmediato, desatando una crisis urgente en el modelo de negocios tradicional.
Ante este panorama, la estrategia corporativa de El Universal no apuesta por el "periodismo de volúmenes" o la sobreproducción masiva automatizada, sino por el contenido de valor para afianzar su suscripción de paga. Para suavizar la frialdad de las métricas y comercializar estos paquetes premium, introdujeron a Luni, un avatar de Inteligencia Artificial que comunica los beneficios del club de suscriptores en redes sociales.
González la define como un "modelo híbrido": su rostro e ilustración estática fueron diseñados por la mano humana de la ilustradora Guadalupe Manzanares, sus movimientos son animados a través de la herramienta Flow de Google, y su voz pertenece a una locutora real para proteger la identidad legal del medio ante los vacíos jurídicos actuales.
Al cuestionar el porqué de su género, la respuesta institucional se limitó a los resultados fríos de una investigación de mercado asistida por data: el público objetivo reacciona con mayor confianza y cercanía ante una figura femenina. Mientras lo escucho argumentar con elocuencia, la construcción de Luni deja flotando una incómoda interrogante de género que el discurso corporativo prefiere omitir y que solemos normalizar:
"¿por qué resulta tan natural recurrir a una identidad femenina artificial para orientar, cuidar y asistir al cliente, mientras que en la estructura real del diario no existen políticas o normas de equidad de género explícitas para las mujeres de carne y hueso?"
De hecho, los puestos de liderazgo femenino en el medio se mencionaron de forma flotante, al aire, sin aterrizar nombres ni cargos concretos en la mesa. Fue el único medio en el que esto sucedió.
Hacia el final del encuentro, al hablar sobre la autoría de las notas creadas mediante un prompt, González afirma sin dudar que le pertenecen enteramente a la empresa dueña de la tecnología.
"—Es lógico, dada la naturaleza e historia del medio—"
vuelvo a pensar mientras observo la seguridad con la que se expresa.
Sin embargo, el editor lanza una advertencia contundente que frena cualquier optimismo desmedido: los contenidos puramente automatizados son technically armónicos, pero profundamente "aburridos" porque repiten los mismos patrones. El algoritmo carece de la intuición y la sensibilidad humana que solo se forja con la experiencia de campo. La máquina no puede estar en una manifestación, no tiene el criterio de la calle ni puede registrar las sutilezas de una crónica narrativa o un perfil a fondo.
concluye de forma tajante, sentando una postura firme frente a nuestras dos cámaras. Cuando las luces del foro de grabación se apagaron y comenzamos a desmontar el equipo audiovisual, guardando el pesado tripié que tanto nos había hecho correr por Reforma dos horas atrás, la gran conclusión quedó flotando en el aire de aquella redacción semivacía.
Ante la llegada de la automatización masiva, la única vía de supervivencia ética y comercial para el oficio no es competir contra el volumen del algoritmo, sino regresar con urgencia a lo básico, a lo que nunca debimos dejar de hacer: salir a las calles a hacer periodismo.
@ElUniversalMex. (2026). Luni categoría belleza. YouTube.
https://www.youtube.com/shorts/7wq0lKKf0PA