“LAS PERSONAS DEBEN ESTAR POR ENCIMA DE LAS HERRAMIENTAS”
PATERNALISMO INSTITUCIONAL Y PROTOCOLOS DE VANGUARDIA
Iván Quintana, coordinador de la Unidad de Inteligencia Artificial de la Organización Editorial Mexicana.
Mientras que El Universal nos recibió con la majestuosidad de un palacio funcionalista semivacío, cruzar las puertas de El Sol de México, sede de la Organización Editorial Mexicana (OEM) en la colonia San Rafael, se sintió como entrar al taller; al trabajo duro y no teórico. El 28 de mayo, tras encontrarnos en el metro y caminar con la tranquilidad de quien va a tiempo entre risas y pláticas ligeras, ingresamos al edificio de la calle Guillermo Prieto. En este complejo no solo se piensa en bytes; aquí todavía se respira el peso histórico de la tinta y el papel de cabeceras que, como La Prensa o el Esto, marcaron los tirajes más espectculares en la cronología de la prensa nacional. En los pasillos de la OEM, la modernidad no borra el pasado, lo acumula.
Tras firmar el registro en la recepción, Iván Quintana, coordinador de la Unidad de Inteligencia Artificial de la Organización Editorial Mexicana, nos condujo a la oficina de una colega: una habitación bastante amplia, pulcra y meticulosamente decorada con un sinfín de adornos que delataban una larga permanencia. El lugar era una coreografía de épocas: en la entrada, una mesa de cristal con cinco sillas moradas de base negra y tres macetas de verde Dracaena; en los muros, cuadros de paisajes purpúreos junto a dos billetes de la Lotería Nacional enmarcados en conmemoración del aniversario de la empresa y dos primeras planas amarillentas de El Sol de México de los años setenta u ochenta. Al fondo, presidiendo el escritorio, un monitor curvo de última generación convivía al lado de una mini pera de boxeo pegada a una madera. El pasado y el futuro habitando el mismo metro cuadrado.
fotografías retomadas de internet.
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Mientras Daniela y Mónica en las cámaras, junto con Fátima en el audio, desplegaban el equipo técnico, intentamos romper el hielo. Al saberlo egresado de nuestra misma casa de estudios, la UAM Xochimilco, la conversación derivó hacia las aulas. Iván preguntó por antiguas profesoras y, al enterarse de que algunas seguían en activo dando clases, se mostró impactado; aseguró sentirse profundamente orgulloso de la postura crítica que caracteriza a nuestra licenciatura. Sin embargo, ese intento de tender un puente institucional fue efímero. Muy pronto, el ambiente se transformó.
Siendo el perfil de mayor edad en nuestra muestra, Pedro Iván marcó de inmediato una línea divisoria invisible pero inflexible. A diferencia de la horizontalidad y el trato de colegas que habíamos experimentado con otros de los entrevistados, aquí la dinámica mutó hacia una cátedra unilateral. No se sentía como una conversación entre periodistas, sino como una lección magistral dictada desde la veteranía hacia nosotras, un equipo de mujeres veinteañeras a punto de terminar la licenciatura; unas chicas de veintitantos años que “sólo van a hacer un trabajo de tesis” que “no son periodistas de verdad”.
Gran parte de la entrevista estuvo atravesada por un tono condescendiente y paternalista; una asimetría que, contracorriente a esa arquitectura imponente, pero también bastante humilde y acogedora, convirtió el encuentro en una experiencia incómoda. En mi caso, como investigadora autista, sostener el rigor de la entrevista implicó un doble esfuerzo: mientras canalizaba mi energía en concentrarme en el extenuante ejercicio de establecer contacto visual en todo momento y milimétricamente con el entrevistado, acción que me parece de la vieja escuela y que me presioné a cumplir para no incomodarlo o hacerle sentir que le faltaba al respeto, también procuraba que la rigidez de la interacción no descarrilara el hilo conductor de las preguntas.
Paradójicamente, la riqueza de las respuestas de Iván corrió en paralelo a una atmósfera donde nunca se nos permitió habitar el espacio como iguales. Y reafirmé mi idea cuando Dani, comenzó a configurar su cámara, pues rápidamente Iván le ordenó cómo acomodarla.
"—Si este tipo estudió en la UAM, sabe a la perfección que ahí nos enseñan a usar el equipo—"
pensé. Luego me molesté, pero otra vez hacia adentro.
"—Una, como investigadora y reportera, debe saber cuándo apechugar para no estropear la confianza del informante.—"
A pesar de la barrera jerárquica, las declaraciones del coordinador de la Unidad de IA, un área creada en 2025 por impulso del Vicepresidente Ejecutivo, el ingeniero Francisco Torres Vázquez, resultaron metodológicamente impecables. A diferencia del hermetismo o la cautela que percibimos en otras redacciones que temen ser juzgadas por falta de transparencia, la Organización Editorial Mexicana presume de ser el único medio mexicano con un protocolo ético y un manual de uso de IA completamente público y consultable para cualquier persona al fondo de sus portales web.
El proceso de asimilación nos cuenta Pedro Iván con la seguridad de quien domina el mapa completo, comenzó entre 2022 y 2024 con un diagnóstico interno y una serie de reuniones con la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y organismos internacionales de Bogotá, donde directivos de puestos elevados pudieron capacitarse de primera mano con OpenAI.
nos explicó con pragmatismo. En esta plataforma, la automatización no es libre; opera mediante "pastillas" o módulos seleccionados y alimentados con bases de datos específicas de la propia OEM o de redes periodísticas internacionales. Funciona bajo el modelo estricto de Human in the loop (personas en el proceso), que exige una cadena de pasos obligatorios: el reportero introduce la información, se revisa el guion y se rediseña el prompt de manera específica para cada ocasión, ya sea para extraer datos duros o generar una ilustración, hasta llegar a una versión final cuidada.
sentenció Iván, asumiendo una postura corporativa adelantada. Para él, la Inteligencia Artificial no es más que una nueva herramienta. Así, su manual no nació de la nada; analizaron cerca de 15 códigos de medios extranjeros como The New York Times o El País para adaptarlo a la legislación laboral y ética mexicana, manteniendo la política abierta de compartir su protocolo con cualquier medio que lo solicite e impulsando la necesidad de crear un marco jurídico global para el gremio.
Pero, como en toda revolución tecnológica, no todo es color de rosa. A pesar de la robustez del protocolo, la velocidad del fenómeno deja cabos sueltos y contradicciones que la propia trinchera diaria evidencia. La organización mantiene una regla de oro estricta: no publicar contenidos generados en su mayoría por IA. Para que un texto o gráfico vea la luz, el apoyo del algoritmo no debe exceder el 50% y siempre debe pasar por una revisión humana obligatoria, priorizando la escritura tradicional y aplicando etiquetas de contenido apoyado por IA. De hecho, Iván adelantó que la Organización Editorial Mexicana planea incorporar una leyenda detallada: “Contenido con IA + el nombre del responsable”.
Imagen retomada de Internet. El Sol de México. (2026). Screenshot.
https://oem.com.mx/elsoldemexico/tendencias/hay-vida-mas-alla-de-internet-28609897
Sin embargo, al tocar el espinoso terreno de la propiedad intelectual y los derechos de autor, las líneas se volvieron borrosas, reflejando de nuevo la postura de quien dicta las reglas desde arriba: si el reportero trabaja bien su prompt, actúa como un editor; si hay poca intervención humana, la IA se asume casi como autora (aunque el medio pague las suscripciones); y si el reportero solo verifica el resultado final, se le adjudica la autoría. Una frontera difusa que Iván zanjó con una frase contundente:
Esa misma prisa tecnológica deja otras asignaturas pendientes en tintero. Al cuestionarlo sobre los sesgos de género, raza o lengua que reproducen estos modelos entrenados en el Norte Global (América del Norte y Europa) el entrevistado prefirió no profundizar en los hallazgos de la organización, aunque reconoció de forma externa que las audiencias deben cuestionar la realidad de lo que consumen, argumentando que la IA es un entorno "abstracto" que solo dominan quienes logran controlarla adecuadamente.
Esta omisión también se percibió al hablar de la equidad en los puestos de mando. Iván destacó que la directora general de la editorial es Martha Ramos y señaló que en los procesos de reclutamiento de la OEM se buscan activamente perfiles femeninos porque "las mujeres tienen visiones diferentes y más críticas". Sin embargo, el análisis se quedó ahí, en la superficie de la representatividad, sin ahondar en cómo esas visiones críticas están moldeando la implementación de la tecnología en la vida diaria de las reporteras. Además, el acceso a la capacitación sigue siendo un terreno desigual: la empresa abre los cursos en línea con Google o la AFP (Agence France-Presse), pero al final, "los toman solo los que están interesados".
El núcleo de la preocupación en la Organización Editorial Mexicana, al igual que en El Universal, no reside tanto en el reemplazo de la fuerza de trabajo humana, sino en la quiebra del modelo económico tradicional de los medios de comunicación. Iván describió con crudeza el temor generalizado a la pérdida del "botín" publicitario histórico, una migración que comenzó con las redes sociales y que hoy vive su golpe más dramático con el Sistema de Noticias Automatizadas de Google. Con la IA entregando respuestas directas justo debajo de la barra de búsqueda, los medios han dejado de aparecer en las cabeceras de los buscadores. El tráfico de clics se lo está quedando la propia Inteligencia Artificial del buscador.
Frente a esta crisis de atención, donde los medios intentan desesperadamente captar al público en menos de 40 segundos, la OEM ha decidido cambio de estrategia: priorizar la calidad sobre la cantidad y la velocidad. Si una nota debe salir rápido, la directriz es que esté bien hecha, prohibiendo de manera rotunda el uso de imágenes o videos fotorrealistas para proteger la fidelidad con sus lectores, especialmente en comunidades no céntricas o sectores con menor acceso a internet.
Al terminar la entrevista, tras una hora y diez minutos de grabación concisa, desmontamos el equipo en casi silencio. Salimos a la calle Guillermo Prieto con una sensación térmica de desconcierto y desánimo. No íbamos con expectativas idílicas, pero la experiencia nos arrojó de golpe una certeza amarga: en el ecosistema laboral real, fuera de la protección de las aulas de la universidad, el trato condescendiente hacia quienes empiezan sigue estando normalizado, intensificándose cuando quienes sostienen las cámaras y los micrófonos somos mujeres jóvenes.
La Unidad de IA de la Organización Editorial Mexicana busca automatizar la “talacha”, como la llama Iván, para regresar al periodista a mirar al mundo y rescatar el viejo oficio; una paradoja absoluta donde convive la tecnología más avanzada del siglo XXI con dinámicas estructurales tan arcaicas, y arraigadas, pero aparentemente efectivas, como las primeras planas ochenteras que colgaban de su pared.